Dejé escapar una gruesa lágrima acompañada de un suspiro. Es increíble lo que algo tan simple puede lograr. Eso, sumado a los miles de pensamientos por segundo que emite mi cerebro. Y esa estúpida frase vuelve una y otra vez; es imposible. ¿Imposible? No, imposible es que sea imposible. Si fuera imposible, no me estaría pasando, ¿no? Pero quizá sería mejor que lo fuera. Se me haría más fácil el día a día. Más que mal, estoy “perdiendo el tiempo” con un sentimiento “inútil”. ¿Inútil? En el fondo no lo es. Alguna enseñanza tendrá que salir de esto… O eso espero. Pero aún así, me sigue torturando. Y es estúpido que lo haga, o quizá no… Qué sé yo. Y mientras me lo cuestiono treinta veces por minuto, las lágrimas aumentan. Y el vacío se hace más grande, y las palabras pierden aún más el sentido… Y a esta altura, volví a perder la cabeza...