Toma ese lápiz y apóyalo sobre el papel. Escribe ese sentimiento. Desahógate. Transforma en palabras esa sensación que te está “partiendo el corazón”. Busca en tu diccionario mental las palabras precisas. Elimina lo malo. Transfórmalo en arte. ¿Lo notas? Sacar belleza desde el caos es virtud.
Nada es tan malo como parece cuando lo escribes y lo lees una y otra vez. Pierde su sentido principal, claro. Releer tus palabras mentales desahoga, casi tanto como las lágrimas que derramas. Y de a poco te vas dando cuenta que va quedando atrás. Entonces… Cada vez que ese sentimiento ataque a tu corazón, toma el lápiz y apóyalo sobre el papel… Y poco a poco tu organismo se acostumbrará a transformarlo en arte.