Sentir que la vida se te va sin poder hacer nada. Sentir como tu corazón se queda vacío. Sentir las piernas cansadas, sin haberlas movido. ¿Quién lo entiende? Cuando no hay ánimos, y las fuerzas se agotan. Cuando la esperanza se queda sin motivos. Cuando la mente solo te lastima… ¿Qué queda por hacer? Seguir respirando. Porque quizá al final de esta historia, pueda decir la típica frase cliché… “Y fueron felices para siempre”.