Las gotas de lluvia golpeaban mi ventana, uniéndose al imparable sonido de las manecillas del reloj. Los segundos iban avanzando. Mis ojos seguían las letras unidas en palabras sobre las hojas de mi cuaderno, pero no me podía concentrar. No había forma. Era imposible. El cuestionamiento constante de la vida no me dejaba tranquila, y es que las heridas del amor aún no habían sanado. Y como si eso no fuera suficiente, la soledad en la que me encontraba parecía burlarse de mi estado. Y al analizar ese momento, tan típico y patético de un día de invierno, me reí. De mi misma, y de mi forma de ver las cosas. Bastó un segundo para hacerme reaccionar, y me di cuenta de que aún me quedaba mucho por vivir. Cerré el cuaderno resignada, y me decidí a vivir una vez más, dejando atrás todo pensamiento, porque nada, absolutamente nada hasta ese momento había impedido que me levantara luego de caer. Y esta no sería la excepción.
♥ 18:41